martes, 1 de febrero de 2011

¿Balance optimista o desesperanzador?

Este primero de febrero se cumplen dos meses de haber entrado en operación los Comités Ciudadanos y están apenas terminando de instalarse los Consejos Ciudadanos Delegacionales en cada una de las 16 demarcaciones del Distrito Federal, por lo que se antoja importante señalar algunos hechos para aproximarnos a un balance y considerar si éste nos mueve al optimismo o nos sume en la desesperanza ante la lejanía de alcanzar una verdadera participación ciudadana fuera de todo utilitarismo político.

En primer lugar, es destacable que a dichos Comités hayan llegado ciudadanos conscientes de la necesidad de su participación, y un número importante más de quienes llevan ya años acumulados de trabajo honorario en pro de sus comunidades. Tanto unos como los otros están convencidos que esta elección permitirá ensanchar el espacio que nos corresponde en la vida pública a los ciudadanos independientes para incidir en los temas que nos afectan, y se están dedicando con ahínco a construir una función que no tenga marcha atrás.

Fuera de mencionar –por conocida- la intromisión, amplia, extendida y cínica de miembros de partidos, principalmente del PRD en el poder, es necesario dejar muy claro que la creación de estas estructuras ha facilitado que a ciudadanos como los que antes mencionamos los hayan podido desplazar un sinfín de interesados entre los que se encuentran viejos y añejos caciques de pueblos y barrios, o sus jóvenes, muy jóvenes, vástagos; operadores políticos con contratos de empleo temporal (vaya usted a saber hasta cuándo) en las Delegaciones; resabios de los antiguos comités vecinales (producto también de elecciones) que siempre se dedicaron a lucrar con su firma permitiendo violaciones a toda normativa urbana; profesionales del tráfico de favores; líderes de grupos de presión; cabilderos eternos por los presupuestos; algunos muy ciudadanos, sí, pero con historial de golpeadores, y emergentes desocupados de sospechosa procedencia y verbo excelso.

Por otro lado, tenemos a los gobernantes y políticos que de forma inmediata encontraron en el listado de Comités una plataforma más de promoción interesada y, a la ya abundante agenda de trabajo para los Comités derivada de la Ley de Participación (la que merece un capítulo adicional para comentarla), están agregando invitaciones a los integrantes de Comités sin fines claros o de beneficio seguro a las comunidades a las que representamos.

En este sentido, sobran actos como el que las asambleísta Alejandra Barrales (Comisión de Gobierno) y Lizbeth Rosas (Comisión de Participación Ciudadana) le ofrecieron en bandeja de plata al jefe de gobierno del Distrito Federal el pasado 18 de diciembre en la Plaza de la República para que pudiera recetarles a los dóciles grupos ahí congregados un breviario de sus logros y apuntar las grandes bondades de su programa de gobierno, como si no existiesen otros canales para ello.

Mención curiosa es el hecho de la premura y arrebato con el que este acto se organizó debido al tiempo decembrino de celebraciones. Si no, de que otra forma podemos verlo cuando en la tarde del viernes 17, último día del período hábil de trabajo y en el filo de las pachangas, se realizaron las llamadas de invitación, y el mismo sábado 18, apenas horas antes del programado evento, se publicó en la prensa un desplegado de invitación.

Fue además de todos conocidos y ampliamente difundida en los medios reunión similar que el Secretario de Educación, Mario Delgado, realizó en el mismo tenor, invitando a los coordinadores internos de los comités mediante llamadas de teléfono a sus domicilios en las que mencionaba la necesidad del encuentro por el gran interés que esto representaba para el bienestar de las colonias.

Sumamos a estos actos los que durante el mes de enero está llevando a cabo el jefe de gobierno de manera privada con grupos de diez Comités con el pretexto de ser informado, como si se estuviera estrenando como político, de las necesidades más urgentes de cada colonia y poder así “atender sus demandas”, las que le debieran ser por demás conocidas a casi cinco años de su gobierno.

Porque son las mismas de siempre que se van sumando año con año ante la poca atención de administración tras administración: violaciones a los usos de suelo por doquier, luminarias eternamente apagadas, poca acción de la policía en nuestros barrios, red hidráulica vieja y drenajes deficientes, cero pasos cebra en las esquinas, venta de bebidas alcohólicas a menores en cualquier estanquillo, ruido y contaminación no controlada, construcciones sin apego a la normativa urbana que ponen en peligro la viabilidad de los servicios y la seguridad en caso de contingencias, más un largo etcétera que gran cantidad de vecinos comprometidos estamos tratando de remediar con nuestra participación ciudadana mucho antes de constituirnos en Comités.

Por el lado de la desesperanza estos hechos nos demuestran lo difícil que es para nuestra sociedad una vida pública donde priven comportamientos y valores democráticos y donde el papel de los ciudadanos en la definición y conducción de programas de gobierno sea algo más que mera demagogia y se salve de conformarse en un eslabón más de la cadena clientelar y política.

Deseamos, por el lado del optimismo, que la siempre incipiente participación ciudadana no electoral alcance, con el compromiso de autoridades y ciudadanos, el espacio que le falta ocupar en la construcción de la ciudadanía madura y moderna que tanto necesita el país.

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